Catering Pichones
Los Pichones llegaron por donde llegan los mejores proyectos: recomendados por un cliente con el que ya había trabajado. Necesitaban algo que parece sencillo sobre el papel pero que casi ningún catering resuelve bien: que la gente entendiera, con solo mirar una foto, qué clase de empresa son y qué se van a encontrar si les contratan.
Desde el principio decidimos no elegir entre foto y vídeo, sino repartir el peso entre los dos. La fotografía gastronómica cuenta el detalle — la textura de un plato, el montaje de una mesa, el cuidado en lo pequeño. El vídeo cuenta el momento — el ritmo de un evento en directo, cómo se mueve el equipo, la energía que se respira en una comunión o en una boda cuando todo está saliendo bien. Ni una ni otro cuentan la historia completa por separado; juntos sí.
Hemos cubierto comuniones, bodas, eventos de todo tipo. Y cada cobertura ha sido su propia pieza de contenido, pensada para Instagram, que es donde hemos concentrado el trabajo hasta ahora. El resultado se ha notado donde importa: más alcance en redes, y más reservas.
Lo que más me gusta de este proyecto es hacia dónde va. Los Pichones están dando el paso de trabajar por eventos sueltos a convertirse en un cliente recurrente, con un plan estratégico continuo en lugar de coberturas puntuales. Eso significa que voy a poder meterme más a fondo — no solo en redes, sino en crecimiento en Google y web. Es la diferencia entre hacerle fotos a una empresa y formar parte de cómo esa empresa se construye una identidad.